miércoles, 12 de junio de 2019

A la luz de un farol: mi primer encuentro con Actias isabelae, la Graellsia o mariposa isabelina


La primera vez nunca se olvida, y en el caso que os voy a relatar a continuación, seguro que así será para las cuatro personas que estábamos allí presentes aquella apacible noche del 5 de junio en Tragacete, en pleno corazón de la Serranía de Cuenca.

El hecho es que este año, la XXV Campaña Nacional de Herborización organizada por la Asociación de Herbarios Ibero-Macaronésicos (AHIM) y a la que pude asistir formando parte de la delegación gallega, elegía como lugar de recolección el incomparable marco que ofrece vértice de confluencia de las provincias de Cuenca, Guadalajara y Teruel al sur del Sistema Ibérico, en plena Serranía de Cuenca, un formidable paisaje calcáreo de esos que francamente merece la pena visitar y que nunca deja de asombrarte, donde los pinos (P. nigra y P. pinaster) tapizan el paisaje montañoso, donde se concentran varios nacimientos, como los del río Júcar, Cuervo y del gran Tajo, donde se encuentra la Ciudad Encantada, donde viven los ecos de la trashumancia y sus huellas en el paisaje, cerca de las impresionantes dolinas de Villar del Cobo en la vecina provincia de Teruel…, y allí nos presentamos el domingo 2 de junio, en Tragacete, dispuestos a disfrutar de cuatro intensos días de muestreos botánicos en un ambiente de lo más acogedor.  

Fuente de San Blas
Fuente de San Blas, Cuenca.

Dolina
La gran dolina de Villar del Cobo en Teruel, que por supuesto es una provincia que existe y es imprescindible visitar.

El que os escribe poco sabe de plantas, una asignatura pendiente que es necesario recuperar cuanto antes debido a su estrecha relación con el mundo de los lepidópteros, pero consciente de ello, poco apoco intenta, cuanto menos, acercarse a las que más le tocan por este motivo, y es por ello por lo que el viaje tenía un doble objetivo para mí, aprovechar la compañía de este gran conjunto de sabias botánicas y botánicos para aprender sobre la materia, y conocer un poco más de cerca las mariposas que vuelan de día y de noche por aquel lugar, y por qué no, a Graellsia isabelae!

Días antes de la partida, contacté con varios expertos conocedores de la fauna lepidopterológica del lugar, como el profesor Yela o Juan Ignacio de Arce (Nacho), para explorar la posibilidad de realizar algún muestreo conjunto por aquellos lares, pero las fechas entre semana hicieron imposible el encuentro en campo… una verdadera pena, y es que sinceramente, veía como se alejaba cada vez más de mi ansiado encuentro con Isabela(e).

Metamorphoses des insectes
Metamorphoses des insectes, de Maurice Girard, 3ª edición revisada y aumentada por el autor de 1870.
Graellsia isabelae
Grabado de la Graellsia isabelae en Metamorphoses des insectes (3ª ed. rev. et aug., 1870), durante mis labores de documentación previas a la expedición. 

Tras un duro día en el campo por los bellísimos prados húmedos de San Blas y por los alrededores del Molino de la Cascada (en los que disfruté de la compañía de mi primera Cupido osiris, a la vez que una Actinotia radiosa se me posaba en la mano y que días más tarde, supe por parte de Juan José Guerrero, que llevaba más de 40 años sin ser citada por la zona) regresamos a Tragacete, y tras las labores de herborización y el obligado paso por la ducha y disfrute de la merecida cena, el plan b empezó a cobrar fuerza. En aquella mesa del restaurante El Gamo, Saleta y Elvira y un servidor, decidimos realizar un paseo nocturno por el pequeño pueblo conquense al objeto de visitar muchos de los faroles que iluminaban las callejuelas de la localidad en busca de la Graellsia (un nombre de género que al que escribe, como al resto de los allí presentes, le gusta mucho más que el de Actias).

Actinotia radiosa en Tragacete
Libando rico sudor del que os escribe esta Actinotia radiosa, en un prado húmedo en las inmediaciones de Tragacete.

Los resultados de esta primera expedición nocturna no fueron los esperados, o si fueron los esperados pero no los ansiados, según como se mire, y es que uno, en estas cosas, tiene el defecto de ver siempre el vaso medio vacío en vez de medio lleno (Alejandro bien lo sabe). 

Ni rastro de ella, bueno, sin rastro fiable de ella, y es que a los pocos faroles de comenzar nuestro recorrido, nos pareció ver sobrevolar sobre uno de ellos, lo que podría ser una Graellsia o lo que nuestros ojos quisieron interpretar como ella... un murciélago no era, eso seguro!

Segundo día de muestreos botánicos, Peña Montes y Los Vasallos, donde las Erebia triaria reinaron claramente entre las mariposas avistadas durante el día. De vuelta a Tragacete, herborización, ducha y cena, igual que el día precedente. En nuestras conversaciones de mesa decidimos volver a intentarlo, y así lo hicimos, en este caso en compañía de Estrella, una nueva amistad que sabe mucho de botánica y con la que pasamos momentos inolvidables escuchando el sin fin de anécdotas con las que disfrutamos durante aquel paseo nocturno, alguien que tenía tantas ganas como el que más de ver, delante de sus ojos, a su tatuaje en vida.

El recorrido, el mismo que el día anterior, y es que la montaña, poblada de portentosos pinos, observaba frente a sí, y oculta en la más pura obscuridad, la tenue luz amarillenta de los faroles tragaceteños, ¿lo harían también las mariposas isabelinas?

Y no fue ni al primero ni al segundo, ni al tercero de “nuestros” queridos faroles, pero a poco de comenzar el recorrido… Aquíiii!!!, la Graellsia!!!!, aquí está, en el farol!!!, el corazón casi me da un vuelco, es difícil de explicar o tratar de transmitir la emoción del momento, todos nos acercamos corriendo a la base del farol, no hay palabras para explicarlo, es emoción en estado puro, sonrisas, saltos y dificultades para mantener la serenidad, mil fotos al farol para intentar sacar algo aceptable, misión cumplida!, un deseo hecho realidad!, el vaso que párrafos atrás veía medio vacío, desbordaba a esas alturas todo su contenido, como si por arte de magia alguien hubiese introducido dentro del un auténtico manantial!!!

Mariposa isabelina
Esta es la primera impresión que retiene mi cebrebro de éste mi primer encuentro con la mariposa isabelina

Actias isabelae
... y ésta, la foto mas digna que le pude sacar a mi primera Graellsia isabelae, a la luz del farol

Costó despegarse de la farola, el ritmo lo marcaba el corazón, y para cuando éste volvió a una cadencia normal de latidos, decidimos retomar nuestro paseo… pero es que, para nuestra sorpresa y regocijo, en la siguiente farola, otro ejemplar de Graellsia isabelae daba vueltas de modo nervioso alrededor de la luz, hasta que, a los pocos minutos, decidió hacer un picado, descender y posarse en una rama del Crataegus que vive enfrente de este punto de luz, pero no lo hizo en la copa, no, ni en el medio de la hojarasca… se posó a la altura de nuestros propio ojos, un regalo para nuestras retinas… y para nuestros objetivos, que pudieron al fin retratarla como se merece. Como en el caso de la anterior, se trataba de otra hembra.

Actias isabelae
Otra hembra de Graellsia isabelae realizaba vuelos en círculo sobre la luz de la siguiente farola en Targacete!
Graellsia isabellae
... pero como por arte de magia, descendió y una hermosa hembra de Graellsia isabelae se posó en una rama del Crataegus, casi a la altura de nuestros ojos.
Reverso de Graellsia isabelae
Este fue el reverso que me mostro "mi" Actias isabelae
Graellsia isabelaeo mariposa isabelina
... y esta es la cara que se le queda a uno cuando la ve por primera vez de cerca..

Actias isabellae
Sin palabras, como un niño con zapatos nuevos!

Si costó despegarse de la anterior, allí posada, a más de dos metros de altura, en la esquina del farol, imaginaros lo que nos costó despedirnos de ésta… más de veinte minutos según los tiempos que marca mi vieja Nikon entre esta secuencia de fotos y la siguiente, donde tuvimos la ocasión de disfrutar de la compañía de un par más de ejemplares hembra de ésta, la mariposa isabelina, la más bella entre las bellas, una reina que aderezó el escote de otra reina y de la que tomó su nombre…

Graellsia isabellae
Con ella nos despedimos de Graellsia isabellae o Actias isabellae hasta la próxima ocasión en que nos volvamos a encontrar... pero din duda, será distinto...

Ya por la mañana siguiente, y a medida que iba pasando el día, eran cada vez más los y las que se apuntaban a la ronda nocturna por los faroles de Tragacete para disfrutar con la presencia de algún ejemplar de Actias isabelae, pero, quizás las lluvias de la mañana o más probablemente el notable descenso térmico que se produjo aquella noche con respecto a las jornadas precedentes hicieron que la bella Graellsia isabelae no se presentara a su cita con nosotros en este tercer intento, quizás en otra ocasión.


12 comentarios:

  1. Fantástico relato.
    Eres afortunado!!

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  2. Me alegro que te lo pasaras fenomenal, diste con la fecha exacta. Enhorabuena ����

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Fascinante. Recuerdo la noche del 10 de Mayo de 1972 (¡cómo olvidar la fecha!), cuando cayó la primera en mi sábana ¡en el jardín de casa, algo que nunca hubiera sospechado!
    Oye, pero no vale que a Nacho le llames Nacho y a mí "profesor Yela". Viejito soy, pero yo quiero ser J. Luis, sin más. Qué poco me gustan los titulitos y todas esas cosas... :D :D

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  5. Gracias por el relato lo he vivido un poquito. Recuerdos a toda la familia

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  6. Que maravilla José!. Felicidades por ese precioso encuentro y gracias por compartirlo.

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  7. Emocionante viaje con objetivo cumplido. Saludos desde Asturias.

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  8. Parabéns, José!
    (zigoto)

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